He aquí, pues, algunos de
los once gestos que se merece el marido cada vez que se digna volver a casa:
“Ofrécete a quitarle los zapatos, háblale en tono bajo, relajado y placentero”.
Previamente, claro, hay que prepararse: retocar el propio arreglo, ponerse una
cinta en el pelo, perfumarse discretamente y, si hiciera frío -que no sería el
caso en estos días tan estivales-, encender la chimenea: “Después de todo,
preocuparse por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal
inmensa”, advierte el Manual sabiamente destinado a jóvenes estudiantes del
secundario.
Por cierto, él no debe
escuchar ningún molesto zumbido de aspiradora, lavadora o licuadora cuando se
decida a hablar, en cuyo caso “debe tener presente que sus temas de
conversación son más importantes que los tuyos. No le pidas explicaciones
acerca de sus acciones, ni cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que él
es el verdadero amo de la casa”. Por regla general, si el esposo se deja estar,
conviene animarle a que practique alguna afición, “pero no le aburras
hablándole de las tuyas, ya que los intereses de las mujeres son triviales
comparados con los de los hombres”.
Desde luego, es de buena
esposa repasar la casa al final del día para que luzca a la hora de la llegada
de él, y asimismo dejar listo todo lo necesario para el desayuno o la comida
que corresponda. En el momento de ir al lecho, “debes mantener tu aspecto
perfecto; si tienes que aplicarte crema o bigudíes, has de esperar a que él se
duerma, para que no le resulte chocante verte en semejante trance”.
En lo que se refiere a las
relaciones íntimas, siempre debes de recordar cuáles son tus obligaciones
matrimoniales: “Si él siente necesidad de dormir, que sea así. No le presiones,
ni estimules la intimidad. Si él sugiere la unión, accede humildemente,
teniendo en cuenta que su satisfacción es lo que realmente importa”. Y cuando
tu marido caiga en un sueño profundo, entonces, sí, refréscate, aplícate cremas
faciales, productos para el cabello. Desde luego, no olvides ajustar el
despertador para levantarte un rato antes que él en la mañana de modo de
sorprenderlo con la piel radiante y los rulos hechos como por arte de magia,
lista para servirle el desayuno con tu sonrisa más bonita, siempre a su entera
disposición para lo que puedas serle útil.