Siempre a las órdenes del amo y señor


Como de costumbre, esta modesta y sencilla pero muy bienintencionada columna solo aspira a promover el bienestar familiar con citas a publicaciones que preserven el eterno femenino, la buena educación y el tradicional espíritu de servicio, hemos recibido la gentil colaboración -que agradecemos mucho- de un lector, J.R., referida a la conducta ideal de la esposa cuando su marido regresa al hogar después de “un duro día de trabajo”. El texto enviado pertenece, como otros que ha registrado este espacio, a la preceptiva de la Sección Femenina de la Falange Española, en la oportunidad extraída del Manual de economía doméstica para el bachillerato y magisterio. (Casualmente, se trata de los mismos consejos que escucha por radio un personaje femenino en el espectáculo Cosas de machos, hace unos añitos en la cartelera teatral local).

He aquí, pues, algunos de los once gestos que se merece el marido cada vez que se digna volver a casa: “Ofrécete a quitarle los zapatos, háblale en tono bajo, relajado y placentero”. Previamente, claro, hay que prepararse: retocar el propio arreglo, ponerse una cinta en el pelo, perfumarse discretamente y, si hiciera frío -que no sería el caso en estos días tan estivales-, encender la chimenea: “Después de todo, preocuparse por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal inmensa”, advierte el Manual sabiamente destinado a jóvenes estudiantes del secundario.

Por cierto, él no debe escuchar ningún molesto zumbido de aspiradora, lavadora o licuadora cuando se decida a hablar, en cuyo caso “debe tener presente que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. No le pidas explicaciones acerca de sus acciones, ni cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que él es el verdadero amo de la casa”. Por regla general, si el esposo se deja estar, conviene animarle a que practique alguna afición, “pero no le aburras hablándole de las tuyas, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres”.

Desde luego, es de buena esposa repasar la casa al final del día para que luzca a la hora de la llegada de él, y asimismo dejar listo todo lo necesario para el desayuno o la comida que corresponda. En el momento de ir al lecho, “debes mantener tu aspecto perfecto; si tienes que aplicarte crema o bigudíes, has de esperar a que él se duerma, para que no le resulte chocante verte en semejante trance”. 

En lo que se refiere a las relaciones íntimas, siempre debes de recordar cuáles son tus obligaciones matrimoniales: “Si él siente necesidad de dormir, que sea así. No le presiones, ni estimules la intimidad. Si él sugiere la unión, accede humildemente, teniendo en cuenta que su satisfacción es lo que realmente importa”. Y cuando tu marido caiga en un sueño profundo, entonces, sí, refréscate, aplícate cremas faciales, productos para el cabello. Desde luego, no olvides ajustar el despertador para levantarte un rato antes que él en la mañana de modo de sorprenderlo con la piel radiante y los rulos hechos como por arte de magia, lista para servirle el desayuno con tu sonrisa más bonita, siempre a su entera disposición para lo que puedas serle útil.